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Declaración del Secretario General ante la Comisión de Derechos Humanos |
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(...) Lo que todos tenemos que esperar es que en el Iraq se inicie ahora, con el fin de la guerra, una nueva era de derechos humanos. Y aquí, en primera instancia, espero que los miembros de la Coalición den un ejemplo al dejar claramente sentado que se proponen actuar estrictamente con arreglo a las normas establecidas por los Convenios de Ginebra y el Reglamento de la Haya sobre el trato de los prisioneros de guerra, y demostrando con su actuación que aceptan las responsabilidades de la Potencia ocupante en lo que se refiere al orden público y a la seguridad, así como al bienestar de la población civil. La decisión de ir a la guerra sin autorización expresa del Consejo de Seguridad ha creado profundas divisiones que habrá que colmar si queremos luchar eficazmente, no sólo con las secuelas de la guerra del Iraq, sino también con otros importantes problemas que se plantean en el plano internacional. Las amenazas a la paz y la seguridad internacionales de las que hemos cobrado mucha más conciencia en los últimos años pueden obligarnos a estudiar a fondo la idoneidad de los instrumentos existentes, con miras a hallar una respuesta colectiva. Digo "respuesta colectiva" porque sigo estando tan convencido como siempre de que todos (tanto los grandes y poderosos como los pequeños y débiles) estaremos más seguros con un sistema en el que todos nos rijamos por la legalidad internacional y por los principios enunciados en la Carta de la ONU. (...)Este es un momento en el que su misión de promover y proteger los derechos humanos, en el sentido más amplio, es más importante que nunca y en el que su responsabilidad de actuar es más urgente. Y, no obstante, las divisiones y las controversias surgidas en los últimos meses han hecho que su voz no sea más fuerte, sino más débil, que su voz en los grandes debates sobre los derechos humanos esté más atenuada, no más clara. Esto ha de cambiar, si queremos que desempeñen ustedes la función encomendada a esta Comisión y si queremos que la causa de los derechos humanos avance de la manera amplia y universal que todos deseamos. La inactividad no es una opción. La Comisión ha de adoptar un enfoque proactivo si se quiere que el programa más amplio de su trabajo relativo a los derechos humanos se cumpla en todas partes. El debate global se realiza hoy día, con harta frecuencia, en términos de pesar y de reproches, de desconfianza y de equívocos. Cada vez va siendo más difícil llegar a un consenso en relación con toda una serie de problemas mundiales, desde el desarme, pasando por la solución de conflictos, hasta el medio ambiente. Sin embargo, sigo creyendo que su causa (la promoción de los derechos humanos) encierra el potencial de unir más que de dividir, de crear una amplia alianza para el progreso, independientemente de la fe, de la identidad étnica o del origen nacional. Los derechos humanos (sean cívicos, políticos, económicos, sociales o culturales) son universales, y ustedes, al fomentar la unidad y la determinación en su defensa, pueden dar un ejemplo de progreso común a la comunidad internacional, en su sentido más amplio. No quiero dar a entender que las divisiones con las que nos enfrentamos no sean graves. Pero creo que la causa de los derechos humanos encierra el potencial de superar esas divisiones y de restablecer cierta conciencia de un objetivo común entre los Estados y las naciones. (...)Hay toda una estructura de derecho humanitario internacional y de derecho relativo a los derechos humanos que ha contribuido de forma inconmensurable a aliviar los sufrimientos. Esa estructura puede y debe ser reforzada, en nombre de todos los hombres y todas las mujeres cuyos derechos se deniegan todavía. Ahora bien, si queremos reforzarla, hemos de cambiar nuestro discurso. No podemos alcanzar fines universales si perpetuamos las divisiones entre los Estados, en todo el mundo o aquí en esta Comisión. Hay que tratar de alcanzar lo que es un anhelo compartido, como tal. Ello requiere un debate abierto sobre cuestiones difíciles, tratando a todos los países por igual. Las normas y los sistemas de órganos internacionales como la Comisión deben aplicarse por igual y de forma equitativa a todos los Estados. La condición de miembro de esta Comisión implica responsabilidades, así como privilegios. Si no defienden ustedes los derechos humanos por igual y universalmente, ¿quién los defenderá? Esto también significa que cada país ha de prestar atención, ante todo y sobre todo, al reforzamiento de su sistema nacional de protección de los derechos humanos. Es en el plano nacional donde hay que proteger y promover en primera instancia los derechos humanos. Todo Estado que critique a otros por su enfoque de los derechos humanos debe estar seguro de que su propio sistema de protección de los derechos humanos es tan eficaz como sea posible y ha de estar dispuesto a someterlo al escrutinio internacional. El Alto Comisionado va a iniciar un proceso con el que los Estados podrán aprender de la experiencia de los demás. Acojo con satisfacción esa iniciativa. Cada país, así como la Comisión en su conjunto, ha de centrarse más, igualmente, en la supervisión y promoción de los derechos humanos en el plano nacional. La Comisión puede hacer esto prestando más apoyo a los Procedimientos Especiales de la Comisión. A este respecto me refiero, evidentemente, a los relatores especiales, expertos independientes, grupos de trabajo y representantes especiales. Los logros alcanzados con esos procedimientos son notables, en muchos casos, y es preciso seguir avanzando basándose en ellos. (...) Cuando hablamos de los derechos humanos, nunca tenemos que olvidar que estamos trabajando para librar de violencias, abusos e injusticias a cada hombre, a cada mujer y a cada niño. El derecho a estar al abrigo de la indigencia y el derecho a estar al abrigo del miedo deben ir estrechamente unidos. Lo que ha de guiar sus trabajos es ese punto de vista (el de los particulares) y no el punto de vista de los Estados en pugna. Al mismo tiempo, todos reconocemos que, para garantizar los derechos de los particulares, los Estados han de actuar. Ustedes, reunidos en esta sala, han de trabajar para convertir esos derechos en realidad para todos los ciudadanos de todos los países. 24 de abril de 2003
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